Dumbo, sal de ahí co*!#nes ya.

Dumbo, sal de ahí co*!#nes ya.

Y es que un elefante te puede dar para un rato divertido mientras los ves como Las Grecas en un viñedo en la India; en una película infantil que de infantil tiene bien poco; para entrar en un Leroy Merlin y echarte unos jajas escenificando refranes… como para darte cuenta que hay algo que no va bien.

Vivimos en un mundo centrado en calificaciones, en notas y en opiniones sesgadas. Se nos enseña a cruzar en verde y a parar el rojo… y a acelerar en ámbar. Se nos enseñan las raíces cuadradas, los algoritmos, los logaritmos pero no su utilidad. A combinar el vaquero con blanco, el negro con el marrón, no y el rosa con el rojo, menos. Péinate los rizos así; el eyeliner de dentro a fuera y no al revés. Pero ¿Nos enseñan a resolver un conflicto? Ah, no… lo de la educación psicológica, eso no.

No nos enseñan a trabajar en nuestro yo, y crecemos con carencias emocionales que, solamente, nos damos cuenta cuando, ya bien mayores, los disgustos duran más que una novela turca. Y de relaciones sociales ya ni hablar de mis pelucas, cariño.

No son nada fáciles, en verdad. Las relaciones sociales, digo. Qué pensarán de mí, las primeras impresiones, tengo que encajar como rey encaja sus posaderas en trono por obra divina; agradecer, perdonar, celebrar, y resolver conflictos.

Y ahí viene el problema. Cuando todo va bien, según más o menos tenías planeado, cuando todo va con la corriente, pues oye qué bien todo ¿Verdad? pero, de repente, se tuerce todo, o bueno, va, todo no, un algo, pero importante.

Cuando eso que te hace relativamente feliz, te das cuenta que no está bien. Y sigues remando, adelante claro, pero en este caso contra corriente. Hay algo que impide que fluyas, que te sientas cómodo/a, que tus relaciones sociales dejen de ser lo que eran. Y está ahí, y es evidente. Tan grande, tan envolvente, tan carente de sentido pero tan acaparador. «Eso» que no has solucionado, ni tú ni cualquier parte implicada porqué, claro, piensas que girando la cara un poco, no está. Desaparece. Pero no. Sigue ahí. Tú lo sabes. Él lo sabe. Ella también. Y todo. Pero resolverlo, ay amiga, resolverlo puede llevarte a situaciones tan desagradables.

Piensas, «Esto hay que hablarlo, se está enquistando, se va acumulando y luego será peor…» todos los días. ¿Has ido a resolverlo? No, claro que no. Porqué eso supone: llamada de teléfono para quedar, esconder los motivos principales, arreglarte para «ESO», poner buena cara de entrada, ir, llegar, disimular, pensar cómo sacar el tema que está ahí pero nadie lo expone, discutir, contraponer opiniones, discutir más, pelear incluso, irse, llorar y acabar una relación… Por favor, qué ansiedad.

Pero claro, si te levantas con ese pensamiento recurrente en la cabeza pero lo ignoras, mira chica, ni peleas ni explicaciones. Fluyes. Remas. Cuesta, pero ahí estás. Pinchazo emocional. «Tengo que hacerlo ya». De repente, vaya qué mala pata, ha pasado otra semana y el elefante sigue en la habitación, que todo el mundo lo ve pero todos los ignoran y a nadie le parece extraño. Pues es gordo, el desgraciao’… pero mira, si le apartas un poco una oreja y la trompa medio metro más para allá, cabemos todos, las cervezas, los chistes, las miradas y, incluso, caben los rencores. Qué malos esos ¿Verdad?

Hay demasiado discurso fugaz

Y poca intención de entender.

Antes de comprometer la verdad

Piensa si quedará bien.

Viva Suecia, parar la tierra

Y es que no puedes parar la Tierra. Y lo que no se ve, es lo que cuenta. Y, en este caso, lo que se ve, desde fuera y de una forma objetiva es: «Miedo». O eso queremos creer de primeras. Miedo a perder, miedo a enfrentar, porqué no sabemos, no nos enseñan. Carencias.

Pero, ¿Y si no es miedo? ¿Y si es que no se quiere? ¿Indiferencia, quizá? ¿Es que el tema no es importante? ¿Es a caso, el elefante más pequeño de lo que pensamos? ¿Solamente lo veo yo grande? ¿No importan mis sentimientos? ¿De verdad se va a ir todo a tomar por saco porqué no se sabe o porqué no se quiere? ¿Me voy a volver loco/a? AY hermana, la ansiedad….

“- Cuando uno se muere… ¿se muere o no se muere?

¿En su casa qué dicen?

Mi madre dice que los buenos van al cielo y los malos al infierno.

¿Y su padre?

Mi padre dice que de haber juicio final los ricos irían con sus abogados, pero a mi madre no le hace gracia.

¿Y usted que piensa?

Yo tengo miedo…

¿Es usted capaz de guardar un secreto? Pues en secreto. Ese infierno del mas allá no existe. El odio, la crueldad, eso es el infierno. A veces el infierno somos nosotros mismos.”

La lengua de las mariposas.

Qué importante es la educación… y qué poca cantidad de ella recibimos. Sería tan genial tener capacidad de digerir escenas tristes, conflictivas, peligrosas, sustancialmente hirientes… pero mira chica, no es el caso.

Citando de nuevo a Viva Suecia:

Ten un plan, luego haz caso a nadie
Flota al margen, todo lo que importa está en el aire…

 
Abby Moreno
Informática utópica... tanto que me gustaría que los que mandan no fueran los que son... que el dolar empapelara paredes y las sonrisas llenaran bolsillos...

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